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MADAN NO OU TO VANADIS - VOL 9 - Cap 1 Parte 2


MADAN NO OU TO VANADIS - VOL 9



Capítulo 1, Parte 2 - Pasado y Lazos.

Por otro lado, en el campamento del ejército de Lebus.

En la carpa del comandante supremo, junto a Elizavetta y Urz se encontraba el caballero Naum quien se desempeñaba como ayudante cercano de la Vanadis. A pesar de que estaba entre sus treinta, él tenía muchos pelos blancos mezclados con el pelo negro y arrugas profundas, debido al trabajo, fueron talladas en su cara, sobre la cual cuidadosamente afeito su barba.

Naum fue uno de los pocos hombres que recibió favorablemente a Urz, cuya identidad era desconocida. Elizavetta no rompió su actitud orgullosa hasta que entró en la tienda, pero cuando las miradas ajenas a las de Urz y Naum desaparecieron, dejo flotar una sonrisa inusualmente alegre.

—Urz. Toma un descanso hasta el consejo de guerra.

—¿…Está bien para mí asistir?

Urz le pregunto reservadamente. Esto era debido a que estaba claro que él había sido la causa del choque entre las dos Vanadis. Elizavetta asintió con una expresión que decía "obviamente".

—Si tomo a otra persona, sería bastante sospechoso. Tú debes asistir como mi orgulloso ayudante.

—Gracias.

Mientras le preparaba una silla a ella, Urz, un tanto desconcertado, le dio palabras de agradecimiento. Naum, quien encendió una vela, le pregunto a la Vanadis pelirroja:

—Le traeré un poco de Kvas[13].

—Está bien. Iré inmediatamente después de descansar por un momento.

—Entendido. Voy a estar fuera, así que por favor llámeme si necesita algo.

Naum guiñó un ojo a Urz y salió de la tienda.

—Yo también voy a dejar su lado por un momento.

Urz también estaba a punto de dejar la tienda luego de Naum, pero luego de darle la espalda a su Lord, de repente fue llamado para detenerse. Al momento que se dio la vuelta, la Vanadis 「Laziris」se le quedó mirando con una cara incomoda. Su dignidad de comandante quien le daba órdenes a los soldados, uno tras otro, no podía sentirse ahora.
—Ni una palabra a nadie sobre lo que hablamos con Eleonora.

Urz hizo una sonrisa complicada. Esto era porque Naum quería preguntarle precisamente sobre ello. Sin embargo, como la mirada de su ama se convirtió en algo similar a la súplica, y no porque era una orden, sentía que era lamentable y no lo negó.

[13Kvas es una bebida alcohólica fermentada muy suave y muy popular en Rusia, Ucrania y otros países de Europa del este.

—Incluso si no explico el contexto, ¿Está bien si no explico todas las sutilezas tales como qué tipo de palabras intercambiamos?

—Entonces, está bien.

Elizavetta hizo una mirada que parecía insatisfecha, pero su voz no era tan así. Parecía que ella estaba tratando de mantener su dignidad ahora. Urz lo soportó sonriendo con ironía. Hizo una reverencia y finalmente salió de la tienda. Viento frío de repente sopló a través del cuerpo del joven. El cielo que observaba mientras temblaba estaba sombrío, y la luna como las estrellas del mismo fueron gradualmente aumentando su brillo.

Fogatas fueron armadas en varios lugares del campamento y los soldados comenzaron los preparativos para la cena. En un horno que endurecieron y construyeron con la tierra hecha masa, pusieron una sartén. De la sartén, vapor blanco se levantó y se fundió en el aire nocturno.

Alrededor de la sartén; había soldados que sostenían sus manos en torno al fuego del horno, también hubo soldados que calentaban sus cuerpos friccionando el Vodka que distribuyeron sobre sus manos y pies. Al ver eso, no faltaron los soldados que se afligieron diciendo "qué desperdicio".

«Si no recuerdo mal, será Ukha[14], esta noche».

Era un plato familiar en Zchted, el cual se hacía colocando una gran cantidad de agua en la sartén sobre la cual cuidadosamente cocinaban el pescado y las verduras cortadas en trozos. Ahora, ellos utilizaron bacalao salado, cebollas, patatas y zanahorias. El condimento sólo era la sal en el bacalao, pero aun así era suficiente ya que era bastante fuerte.

[14] Sopa rusa elaborada de salmón o bacalao.

Urz que estaba distraído mirándolos, fue llamado y volvió su mirada en esa dirección. Naum estaba parado allí. Tenía en la mano una botella de kvas y dos grandes cortes de pan de centeno.

—No sabemos cuándo será el consejo de guerra después de todo. No es algo caliente, pero come.

—Gracias.

Urz recibió el pan. Ya que tenía hambre, estaba sinceramente agradecido.

—Sin embargo, hace frío ¿Hablamos mientras caminamos?

—¿Está bien incluso si nos alejamos del lado maestro?

—Hay soldados que la están observando, así que está bien por sólo un momento. No hay mucho tiempo hasta que el consejo de guerra empiece tampoco.

Los dos caminaron lado a lado mientras comían el pan.

—Aunque puedo adivinar, dime lo que pasó. ¿Por qué el Consejo de Guerra termino al cabo de media koku?

Urz explicó brevemente lo que pasó; sobre el hecho de que Ellen y Rurick lo llamaron Tigre; que Elizavetta lo negó y como se convirtió en una riña; que se cruzó en medio de ellas y respondió que él era el siervo de Elizavetta.

—… y Vanadis–sama de Leitmeritz se disculpó ante nuestra señora y empezamos de nuevo.

Urz miró al caballero que era probablemente diez años mayor que él con una expresión apenada. Mientras hablaba, Naum mantuvo todo el tiempo un mal humor que profundizaba las arrugas sobre su cara. Por otra parte, sus cabellos blancos, que no eran pocos, parecían haber aumentado aún más.

Naum quien terminó de escuchar la historia suspiró profundamente mientras acariciaba las arrugas de su rostro con un dedo.

—Ya veo. No, lo hiciste bien; de todas formas, se evitó el peor escenario.
El momento en que Elizavetta dijo que iría al consejo de guerra con Urz, Naum vehementemente en contra de ello. Él estaba muy aprensivo acerca de la posibilidad de que las dos Vanadis chocaran de frente.

—Naum–san. Hay algo que quiero que me digas.

Mientras se tragaba su pan, tomó la botella de kvas y se humedeció la boca, luego miró a Naum con una expresión seria. Ya que Naum estaba en medio de meter el pan en su boca, asintió con la cabeza en silencio.

—¿Realmente me parezco tanto a la persona llamada Tigrevurmud?

—… No lo sé.

Naum quien finalmente se tragó el pan, respondió mientras se limpiaba la boca.

—Tanto Vanadis–sama como yo, nunca vimos a Tigrevurmud Vorn en persona, pero, hemos oído hablar de él. Si la Vanadis–sama de Leitmeritz lo dijo así, ustedes son probablemente tan parecidos como dos melones por lo menos.

Naum le explicó sobre Tigrevurmud Vorn; Que él era el hombre que brillantemente puso fin a la guerra civil que tuvo lugar en el Reino de Brune el año pasado, y también, que era el hombre que había rechazado al ejército de 20,000 soldados de Muozinel que habían invadido Brune con tan sólo 2,000 soldados.

—Dicen que especialmente su habilidad con el arco era excepcional. Él nunca perdía una presa a la que apuntara, no importa lo lejos que esta esté; parece que una vez que disparaba una flecha, definitivamente la derribaría. Por otra parte, también hay un rumor de que él mató a un dragón.

—No suena como si se tratara de mí.

Urz sonrió irónicamente y se encogió de hombros. Incluso este joven sabía que las escamas de dragón eran de una dureza que incluso una espada de acero forjado no era capaz de hacerle ni siquiera una grieta. Aunque Naum rio, puso una cara seria de inmediato.

—También es posible que sólo lo hayas olvidado.

Ambos de sus pies se detuvieron simultáneamente. En un tono tranquilo, Naum dijo:

—Si lo deseas, vamos a tratar de negociar con Leitmeritz después de que este asunto termine. Para que cuiden de ti, e investiguen acerca de tu identidad. Leitmeritz tiene relaciones amistosas con el Reino de Brune. La información de ese país debe estar disponible mas abundantemente para ellos que para Lebus.

Urz no respondió inmediatamente y miró hacia abajo, como si se hubiera perdido en sus pensamientos.
—Hay otra cosa que quiero preguntarle, ¿Puedo hacerlo?

Mientras recibía la botella de kvas, Naum asintió. Urz preguntó, sus ojos se llenaron con solo dudas.

—¿Por qué la señora está tan preocupada por mí?

A juzgar por lo que escuchó anteriormente de Naum, Elizavetta se encariñó con él porque evaluó enormemente su habilidad con el arco, y también porque fue el primer subordinado que ella eligió por sí misma.

Sin embargo, en la pelea con Ellen, Elizavetta gritó “Mi Urz”.

Incluso considerando el hecho de que sus sentimientos estaban muy exaltados, ¿podrían aquellas palabras salir con solo eso? Urz lo encontró extraño. Además, sólo un mes había pasado desde que vino a trabajar en el Palacio Imperial de Lebus.

Naum a quien le fue lanzada la pregunta, se sorprendió y se quedó mirando al joven con una expresión asombrada. Urz se sentía perplejo sobre si lo que dijo era realmente tan extraño.
Naum negó con la cabeza con una expresión complicada y gimió mientras acariciaba nuevamente las arrugas sobre su rostro y suspiró.

—¿Alguna vez te han dicho que eres lento?

—¿Lento…?

—Eres lento, eh. Eres realmente lento. Bueno, vamos pretender que es porque ha perdido su memoria.

Hacia Urz, quien se quedó inmóvil inexpresivamente, Naum, que hizo hincapié en la palabra “lento”, se rio muy asombrado.

—Está el hecho de que ella evaluara enormemente tu habilidad con el arco; también el hecho de que, por primera vez, tú seas un subordinado que ella eligió por sí misma. Dije estas dos cosas antes, ¿no?

Urz asintió. De repente, la figura de una joven surgió en su cabeza.

Era la figura de la Vanadis de cabello plateado con la que se reunió hace un momento. Con el fin de permitir que una persona que conoció por primera vez sintiera familiaridad, le mostró una sonrisa brillante y dijo.

—Eres mi prisionero. Ahora que lo pienso, eres la primera persona que tomo como prisionero.

—Me enamoré de tus habilidades con el arco.

—... ¿Urz?

Al ser llamado, el joven volvió a sus sentidos. Naum estaba mirando a Urz con una cara curiosa.

—Que sucede? Estando distraído…

—No… Um, estaba recordando sobre la vez en que conocí a la maestra por primera vez.

Sintiendo por alguna razón como que no debía hablar de Ellen, Urz habló sobre algo que pensó repentinamente. Naum dibujo una sonrisa irónica en su rostro.

—Sí, eso fue terrible.

Cuando conoció a Elizavetta por primera vez, Tigre estaba en la playa con aldeanos. Ellos fueron atacados por varios piratas, Elizavetta, quien fue a dar un paseo recreativo, de no haber pasado por allí, probablemente Urz y los otros no se habrían salvado.

Dicho esto, era difícil afirmar honestamente que fue pura suerte; esto era debido a que Elizavetta quien manejaba una 「Viralt」 y se lanzó contra los piratas hizo que Urz y los demás le entregaran un barco con el fin de correr detrás de los piratas que huían y, además, les ordenó remar el barco. Para Naum, que acompañaba a Elizavetta en ese momento, se trataban de recuerdos que le hacían sentir dolor de estómago.

—Urz. Cuando conociste a Vanadis–sama, por primera vez, ella te preguntó qué pensabas acerca de sus ojos, ¿verdad? ¿recuerdas que respondiste?

Controlando su risa, el caballero de naturaleza pesimista señaló sus propios ojos con un dedo.

Después de parpadear varias veces mientras exploraba su memoria, Urz asintió.

—Que se parecen a los ojos de un gato. Debí responder algo parecido.

Porque él había contestado así, fue empujado al mar por un aldeano que estaba en el mismo barco. Combinando sus experiencias personales antes y después de ello, no había forma de que él lo olvidaría. Como a Naum le flotaba una sonrisa ligeramente amarga, desvió su mirada de Urz; miró a los soldados que estaban alrededor de la sartén en la distancia. Sus voces que hablaban con felicidad se podían oír hasta su posición.

—Incluso si le preguntas a los soldados que están aquí... no, a todas las personas que trabajan en el Palacio Imperial, no habrá probablemente nadie que pueda darle la misma respuesta que tú le diste.

Con una mirada lejana, Naum bebió un trago de kvas.

—Aquellos ojos de Vanadis–sama son llamados 「Laziris」. Ellos son como un designio de buen augurio en Lebus, y ella es respetada, pero en el lugar donde Vanadis–sama nació y creció, eran todo lo contrario.

La segunda mitad de las palabras del caballero estaban mezcladas con amargura e indignación.

—Son considerados un mal presagio; algo abominable, una desgracia. Parece que se consideran así en esa región, incluso ahora… Ella era la hija ilegítima de cierto noble, pero porque nació con esos ojos, se dice que fue criada en un pobre y pequeño pueblo como un niño abandonado que no fue reconocido por sus padres.

«Así que Elizavetta fue abandonada por sus padres».

Urz contuvo la respiración y su rostro estaba distorsionado con ira. El caballero canoso continuó con su historia:

—El color de sus ojos son diferentes. Pero sólo por eso, ella fue menospreciada, hablaban mal de ella, como si estuviese maldita y la acosaban. Desde los ancianos hasta los niños, no había ni una sola persona que haya convertido en su amigo. Vivió tal vida hasta que tuvo diez años. Ella no habla de esos días, pero no hay duda de que es porque fue una vida tan dolorosa que no puede ponerlo en palabras.

—¿Entonces, porque lo sabes si nuestra señora no habla de ello?

—Investigué.

Naum respondió rápidamente. Al joven que lo miró con una mirada acusatoria, le sonrió impotentemente.

—No pongas esa cara; dije hace un momento que ella era la hija ilegítima de un noble. Como una persona que sirvió en Lebus y ahora le sirve a ella, tenía que investigarlo.
—… Tienes razón. Lo siento.

Urz lo reconsideró inmediatamente y se disculpó con el caballero con un rostro cansado. Había pasado alrededor de un mes desde que llegó a trabajar en Lebus, pero él podía entender esa necesidad. A Naum no le importó y se llevó la botella de agua de fruta a la boca.

—Por supuesto, no hay manera en que yo le diga a Vanadis–sama que la investigué. Yo pretendo no conocer los detalles, así que, por favor también compórtese de la misma manera delante de ella.

—Entendido. Por cierto, ¿Conoce la gente de ese pueblo el trasfondo de nuestra señora?
Debido a la pregunta de Urz, Naum se cubrió la cara con las manos para ocultar su expresión.

—Tienes una buena intuición... Las principales personas, incluyendo el jefe de la aldea, sabían que ella era la hija de un noble. Es por eso que ellos parecían ser cuidadosos para no dejarla morir; probablemente pensaron que estaba bien intimidarla, pero lo importante era que las personas afectadas comprendían la situación sólo hasta cierto punto.

Urz sintió un escalofrío bajar por su espalda, y probablemente no era debido al cielo oscuro y al viento frío.

—Volviendo a la historia a los diez, ella fue recogida por su padre.

«No parece haber una razón decente».

Aunque Urz miró la cara de Naum de perfil, escuchaba cuidadosamente sin expresar sus pensamientos.

—Al parecer, el niño que iba a sucederle murió de una enfermedad, y ella era la única que había heredado la sangre de su padre. Y además de ello, también había tierras como Lebus que estaban agradecidos por los 「Laziris」. El probablemente notó eso tardíamente.

«Así que él la abandonó a su conveniencia y la recogió de nuevo también a su conveniencia, eh…».

Urz sentía indignación por la actitud demasiado egoísta. El interior de la cabeza del joven se calentó hasta el punto de no preocuparse por el viento nocturno. Luego de percibirlo, Naum se quedó en silencio por un momento. Fue hasta después de diez segundos que continuó con la historia.

—Parece que su vida con su padre no era tan agradable. No es de extrañar. No era como si su propio padre aceptara sus ojos después de todo. Y tres años después; ella, quien cumplió quince años de edad, se convirtió en Vanadis.

—¿Hace tres años...?

Mirando hacia atrás a Urz quien hizo una expresión de perplejidad, Naum asintió con una expresión seria.

—Cuando ella vino por primera vez a Lebus, cualquiera que pudiera verla entendía cuan perpleja estaba; parecía ser una sorpresa tan grande para ella por encima de todo, que nosotros nos sintiéramos especialmente agradecidos con los 「Laziris」.

Esos ojos de diferentes colores eran algo ominosos. Algo desagradable que determinaba sus circunstancias. Incluso cuando había estado viviendo pensando así, cambió por completo. Para Elizavetta, no había duda de que era un gran impacto como si todo su universo se hubiera puesto de cabeza.

—A medida que creció acostumbrada a la vida en el Palacio Imperial, nosotros fuimos interrogados con una cierta pregunta.

“Usted. ¿Qué piensa cuando me ve a los ojos? Dígame honestamente lo que piensa”.

—Yo personalmente respondí que “son hermosos como joyas”.

Mientras agitaba la botella de kvas para comprobar que estaba vacía, Naum distorsionó su boca.

—Tenía la intención de responder sinceramente a pesar de mi pobre vocabulario, pero sería una mentira si digo que yo no consideré mi posición como vasallo[15]. No fui sólo yo, sino también otros a quienes les hacia la misma pregunta. Probablemente ella lo sabía; cada vez que escuchaba una respuesta, ella ponía una cara de aspecto aburrido. Sin embargo…

Naum mostro una sonrisa un tanto feliz diferente de las que había puesto hasta el momento y miró a Urz. Sin embargo, un color serio se encontraba en sus ojos.

—Tú apareciste. Sinceramente, me quedé sorprendido por tu respuesta, pero nunca había visto una sonrisa de Vanadis–sama como esa hasta ahora. Me pareció que era sin duda lo que había anhelado desde el fondo de su corazón.

Incluso mirando sus “Ojos Arcoíris”, él los consideró sin pensar si eran un buen o mal presagio.

Sin siquiera preguntar la complexión de Elizavetta quien entendía que era una persona de alta posición social a primera vista, expresó sus pensamientos sinceros con una actitud serena.

[15] La versión ingles decía “Retainers” el cual era un cargo. Si alguien encuentra una traducción que nos lo diga.

Probablemente porque Urz, quien perdió la memoria; al no conocer su identidad, no tenía conocimientos o perjuicios adicionales, y como tampoco se basaba en su estatus, fue capaz de dar esa respuesta. Naum extendió su mano y agarró el hombro de Tigre. Se quedó mirando fijamente al joven sorprendido.

—Te pregunte si deseas ir a Leitmeritz, ¿verdad? No tengo la intención de retractar mis palabras. Si quieres, voy a tratar por todos los medios posibles. También voy a persuadir a Vanadis–sama. Pero, hablando personalmente, quiero que te quedes en Lebus y sirvas a Vanadis–sama. Entiendo perfectamente que lo que estoy diciendo es egoísta...

Al dejar salir todo el aire que se había acumulado en sus pulmones, Naum expreso sus pensamientos de un tirón. Aunque también estaba el hecho de que su hombro estaba siendo agarrado, al ser abrumado por el brillo de esos ojos más viejos que los suyos, Urz no pudo desviar su mirada.

—… Ella te necesita.

La mano de Naum que aún lo agarraba estaba llena de energía. Urz frunció el ceño y gimió. Naum al ver esta acción volvió en sí y rápidamente retiró su mano. “Lo siento”, se disculpó en voz baja. Mientras Urz negaba con la cabeza para decirle que no le importaba, el bajó la mirada al suelo y en silencio dejo salir un suspiro.

«Me dijeron algo escandaloso...».

Él no quiso culpar a Naum. En primer lugar, era algo sobre lo que él tenía curiosidad y gracias a su explicación, entendió por qué Elizavetta se había fijado en alguien como él. Realmente no pensaba que el seria arrastrado en un problema tan grave.

«¿Ahora qué hago?»

A él no le disgustaba Elizavetta; también le debía mucho por haberle recogido. Si ella no le hubiera pedido que se convirtiera en su sirviente ese día, hace aproximadamente un mes, Urz probablemente habría seguido en ese pueblo de pescadores. No había duda de que estaría ayudando con el trabajo del pueblo y ganando poco a poco para cubrir los gastos de viaje.

«Sin embargo…».


Las imágenes de la chica de cabello plateado y el caballero de cabeza calva que la acompañaba, vinieron a su mente. Sus gritos eran desesperados y agudos en los cuales había sinceridad.

«Creo que esa chica se llamaba Eleonora».

Trató de murmurar varias veces en su boca y extrañamente, ese nombre era acompañado con un sonido agradable en el corazón del joven. Si le dijeran que una vez tuvieron una relación de amistad, sentía que sin duda podría haber sido una amistad, en la medida de que había completa confianza.

Mientras Urz se sentía preocupado y confundido, Naum estaba inmóvil de pie en silencio. En medio de la oscuridad, estaba en silencio esperando a que el joven le diera una respuesta. En poco tiempo, Urz levantó la cara. Le ofreció palabras de disculpa con una expresión lamentable.

—Lo siento.

Naum no reaccionó inmediatamente; finalmente dejó caer sus hombros después de que cinco segundos pasaron y suspiró.

—No, está bien. Lamento haber dicho algo que te preocupara.

—No, creo que me has contado una historia invaluable. Y, tengo también una petición.

Ante las palabras de Urz, Naum puso una cara dudosa. Le instó al joven con la mirada.

—¿Podrías investigar sobre esa persona llamada Tigrevurmud Vorn? Sobre qué tipo de personalidad y que tipo de cargo tenía. Mi señora dijo que él cayó al mar y murió, pero ¿es verdad? Esa persona... ¿realmente no soy yo?

—Hasta que no sepa todo o hasta que no recupere mi memoria, pretendo continuar sirviendo a nuestra señora. Yo no quiero hacer promesas premeditadas.

Naum se quedó con los ojos abiertos y con una mirada en blanco hacia el joven. Al calmarse después de aproximadamente un minuto, le preguntó con una sonrisa maligna.

—¿Estaría bien? Mi intención es como dije hace un momento; aunque yo encuentre muchas cosas, podría no decirte nada. No, incluso ni si quiera podría investigar al respecto.

—No me importa.

Urz soltó una risa y respondió. Naum confiaba en él y le habló sobre el pasado de Elizavetta. Por lo tanto, él también decidió confiar en él. Naum se quedó mirando al joven por un momento y le flotó una sonrisa asombrada.

—Voy a contar con usted de ahora en adelante. Haré mi mejor esfuerzo para usted.

—De la misma manera, espero llevarme bien con usted.

Bajo el cielo donde las estrellas comenzaron a brillaban, los dos hombres intercambiaron un firme apretón de manos. Por otro lado, Urz dijo, mientras que se rascaba la mejilla con timidez.

—Por cierto, hay una cosa más que me gustaría que me diga.

—¿Qué es?

Naum preguntó mientras soltaba su mano. Urz frunció el ceño y preguntó con una expresión como un jugador vacilando en el próximo movimiento en el ajedrez.

—¿Pasó algo entre nuestra señora y Eleonora–sama de Leitmeritz?

—¿Por qué piensas eso?

—De alguna manera lo adiviné, después de ver a nuestra señora y Eleonora–sama…

Urz, quien estaba dubitativo, se revolvió el pelo de color rojo oscuro, pero mirando a la cara de Naum quien inmediatamente le preguntó de nuevo, supuso que al parecer si había algo. No sabía lo que era. Cuando fueron al consejo de guerra, la figura de Elizavetta se veía en apuros. Además, la actitud de Ellen también era algo extraña. Sin embargo, a parte de su presencia, ¿Por qué estaban tan emocionales?

—… Bueno; antes del consejo de guerra, es necesario que conozcas sobre la otra parte más o menos.

Naum inclinó la cabeza y volvió a mirar al joven después voltear la botella de kvas por completo sobre su boca y beber por completo su contenido. Sus ojos estaban llenos de oscuridad, como si mirara en un pantano.

—Como puedes adivinar, hay una conexión entre las dos chicas. Durante el otoño de hace unos dos años, una plaga brotó en un pueblo que se encontraba en territorio bajo el control directo de la familia real. Ese pueblo estaba inmediatamente cercano a la frontera de Lebus. Vanadis–sama quemó a todos los muertos por la plaga del pueblo y aisló a aquellos que no sufrieron por plaga por un tiempo.

Urz asintió con una cara seria. Pensó que, aunque el método de acción de Elizavetta era tal vez cruel, fue el más apropiado. Si él estuviera en su posición, probablemente habría hecho lo mismo con el fin de evitar la expansión de la plaga.

—Ese pueblo parecía estar lleno de recuerdos para la Vanadis–sama de Leitmeritz. Ella se ofreció a cuidar de los que fueron aislados.

—¿No era algo por lo cual estar agradecido?

—Pero, nuestra Vanadis–sama se negó. Diciendo que “dos o más Vanadis no debían intervenir en un pueblo situado en territorio bajo el control directo de la familia real”. En realidad, la familia real parecía estar insatisfecha en varios sentidos por la manera en que nuestra Vanadis actuó. Preguntaron si ella no confiaba en su Majestad el Rey.

Naum rio sarcásticamente y Urz se quedó estupefacto. El tratar con la plaga era una carrera contra el tiempo; los daños se propagarían en gran medida si se retrasaba la acción. En este punto, las personas que podían moverse debían ser tratadas lo más pronto posible; no tenía nada que ver ni con el Rey o con la confianza.

—No era como si la Vanadis–sama abandonara a quienes fueron aislados. Ella preparó materiales y alimentos para que pudieran pasar el invierno y también fue tan lejos como para enviar médicos; incluso prometió asistencia para la reconstrucción de la aldea. Y eso, voy a decirlo de nuevo, a pesar de que era un pueblo situado en territorio bajo el control directo de la familia real. Pero, la mayoría de las personas no fueron capaces de sobrevivir al invierno.

Urz mordió fuertemente sus labios involuntariamente. Sólo por simpatizar con Elizavetta en ese momento y los sentimientos de Ellen, una voz de angustia parecía escapar entre sus dientes.

—La Vanadis–sama de Leitmeritz culpó a nuestra Vanadis–sama. No había remedio; después de todo, a pesar de que intentó por todos los medios, ella rechazó una oferta y resulto en eso. Esta es una de sus historias.

Ante las últimas palabras de Naum, Urz puso una mueca irónica.

—¿Hay aún más?

—Sí. Fue durante casi el mismo periodo.

Naum puso una sonrisa cansada y comenzó a caminar. Había llegado la hora en que debían regresar pronto al campamento. Urz también caminó a su lado.

—Te dije que sobre que el padre de Vanadis–sama era un noble, ¿no? Era una persona llamada Rodion Abt, pero esta persona causo muchos problemas. Él malversaba los impuestos del pueblo y daba falsos reportes a la capital, diciendo que “este año hubo malas cosechas” y “costo demasiado dinero reparar el puente”; por otra parte, reunió a bandidos en su territorio y atacó pueblos y ciudades de los señores feudales vecinos.

Naum detuvo sus palabras por un momento. Los dos hombres se miraron con caras llenas de malestar. No podían imaginar que alguien como esa persona, sea el padre de Elizavetta. Naum reanudó la historia con un rostro deprimido.

—El territorio de este Lord Rodion estaba cerca de Leitmeritz; naturalmente, a la Vanadis–sama de Leitmeritz se le fue ordenada su subyugación por su Majestad el Rey, pero nuestra Vanadis–sama pidió que se le fuera confiado este asunto; que ella persuadiría a Lord Rodion y le haría expiar sus crímenes. La Vanadis–sama de Leitmeritz aceptó, pero…

—Entonces, ¿qué pasó?

—Lord Rodion ni siquiera se mostró en el lugar de la negociación y escapó; razón por la cual fue asesinado por la Vanadis–sama de Leitmeritz.

Urz estaba sin palabras debido a la demasiado cruel historia.

—Después de eso, nuestra Vanadis–sama desafió a la Vanadis–sama de Leitmeritz a un duelo. Ella perdió. Fue una completa derrota.

Probablemente debido al hecho de que estaba conteniendo sus emociones, la voz de Naum estaba serena. En cuanto a Urz, se encontraba en un estado mental en el que quería ocultar su cabeza entre sus manos. Esto ya no se podía describir con la palabra “conexión”.
Queriendo calmar sus sentimientos, Urz preguntó algo trivial.

—Entonces, ¿nuestra señora heredó la Casa Abt?

Si recordaba correctamente, habría una persona de nombre Valentina entre las Vanadis. Desde que había nacido como un noble, tenía dos apellidos. Se preguntó si no debería ser también para Elizavetta.

—Sobre la sospecha de haber ido en contra de una orden real, la Casa Abt fue tomada y destruida. La Vanadis–sama no se dignó a defender la Casa Abt; entiendo sus sentimientos.

 Y después, en el otoño del último año…

Para su gran sorpresa, la historia de Naum no había terminado. Urz lo miró con una cara diciendo “¿Aún hay más?”, Pero el caballero canoso continuó su historia como si fuera algo normal.

—Sabes sobre Legnica que está en el sur de Lebus, ¿verdad? La Vanadis Alexandra–sama que gobernaba allí, parecía tener una relación con la Vanadis–sama de Leitmeritz, en la medida en que se podría decir que eran amigas cercanas… Nuestra Vanadis–sama había avanzado nuestros soldados contra esa Legnica.

—Dame un respiro—, Urz interiormente se sintió afligido, pero no podía detenerse después de haber llegado tan lejos. Puso fuerza en sus pies que comenzaron a perder fuerza y afirmo sus pasos sobre la fría tierra.

—En ese momento, la Vanadis–sama de Leitmeritz estaba en Brune, pero regresó con una velocidad asombrosa. Ella se puso delante de nosotros en lugar de Alexandra–sama quien yacía postrada debido a una enfermedad.

—¿Por qué nuestra señora ataco Legnica?

—Había circunstancias políticas. Si deseas conocerlas en detalle, deberías encontrar una oportunidad y preguntarle a Vanadis–sama.

Naum le dio una respuesta ambigua. No es como si no pudiera responder; sin embargo, se necesitaban varias explicaciones para poder explicarlo y no importaba como lo dijera, no habría tiempo suficiente.

—La relación con la Vanadis–sama de Leitmeritz es algo como todo esto; de alguna manera lo hicimos a tiempo.

—Um… ¿Podría sustituirme en el consejo de guerra?

Con un semblante muy serio, Urz le suplicó. Incluso si Elizavetta empezó a gustar de él, no había nada más que mala suerte que tuviera que participar en un consejo de guerra donde esas dos chicas coincidieran. Pensó que lo soportaron bien la anterior vez al no luchar entre ellas.

El caballero y el joven se detuvieron. El silencio envolvió a las dos personas. Mientras agitaba la botella de kvas que se había vaciado, Naum se encogió de hombros exageradamente.

—Lo siento, Urz. Si pudiera, me gustaría también reemplazarlo, pero puedo encontrar palabras para convencer a Vanadis–sama.

—Um… hace un momento, dijo que va a hacer lo que pueda, ¿no es así?

—Sobre lo que yo puedo hacer, lo hare, pero es algo imposible para mí hacer esto.

—¿No había una considerable su compostura en su voz?

Como Urz lo señaló, a pesar de que la voz de Naum estaba teñida de una impresionante seriedad hasta hace un momento, ahora estaba en calma, como si hubiera sido liberado de una gran carga.

—Un joven como tú necesita experiencia. Buena suerte.

—Creo que en un lugar donde se esperan problemas, una persona experimentada es necesaria.

—Incluso si escapas ahora, algún día se te confiara una gran tarea. Por encima de todo, no importa cómo pienses en ello, no hay nadie más calificado que tú para este asunto. Has comido y cultivado una disposición excelente, ¿verdad? Estarás bien, si eres tú, podrás hacerlo.

—Si llego a tener un dolor de estómago al comer el pan que me dio, me quejaré a nuestra señora.

Los dos hombres se miraron el uno al otro durante un buen rato y mostraron sonrisas amargas. Aunque se sorprendió, Urz no podía odiar la determinación de Naum. Mientras Naum puso su mano sobre el hombro de Urz, se dio la vuelta mostrando su espalda y profundamente inclinó la cabeza.

—Por favor. Hazlo bien; se podría decir que el consejo de guerra es un monopolio de Vanadis–sama. Ella no pide las opiniones de sus colaboradores cercanos y le dará instrucciones de antemano para cuando se te permitirá hablar. Mientras que Vanadis–sama no lo diga, debes estar en silencio.

—Pero, ¿qué debo hacer si se produce una disputa entre la maestra y Vanadis–sama allí?

—Detenga a Vanadis–sama de alguna manera. Si es necesario, no me importaría, incluso si pensara en ella como una niña quejumbrosa y la regañara. Yo voy a asumir la responsabilidad.

—… Por favor, ore a los dioses para que no suceda.

Imaginando la figura de Elizavetta decaída como una niña a la que habían regañado, con una cara exhausta era lo único que Urz podría hacer.

Exactamente en medio de los campamentos de ambos ejércitos, una tienda de campaña había sido levantada. Era algo que Ellen había preparado. Ahora dentro de esa tienda, cuatro personas estaban frente a frente a través de una vieja mesa. La llama de la vela iluminaba varios mapas que se habían abierto sobre la mesa ante los cuatro rostros de esas personas.

Las personas que se encontraban eran Elizavetta y Urz del lado de Lebus, y Ellen y Rurick del lado de Leitmeritz.

—… Una vez más; yo soy la Vanadis Elizavetta Fomina de Lebus.

—Soy la Vanadis Eleonora Viltaria de Leitmeritz.

Las dos Vanadis con antipáticas expresiones movieron sus bocas, enderezaron sus espaldas y con los brazos cruzados devolvieron una peligrosa mirada. Levantaron sus grandes senos como una provocación a la otra.

—Es una confrontación, eh…

Mientras su cuerpo se ponía rígido debido a la tensión, Urz quien estaba junto a Elizavetta murmuró esa impresión para si mismo. Si ya era peligroso estar cerca, era aún más peligroso tratar de intervenir. Debido a que Rurick quien se encontraba junto a Ellen también tenía la misma sensación, su expresión se tiñó de ansiedad y pensó que estaba en una situación aún más difícil. Urz se preocupó por si estaba bien.

Urz y Rurick también dieron respectivamente sus nombres siguiendo a su Lord y se inclinaron. Fue en ese momento cuando Urz conoció el nombre de Rurick. Ante su voz, el joven recordó una sensación de que algo estaba atrapado en un rincón de su mente, pero ya que el consejo de guerra había comenzado, lo dejo ir e inmediatamente se concentró en ello.
El consejo de guerra prosiguió sin problemas, como si disipara todas las preocupaciones de Urz.

Tanto Elizavetta y Ellen extendieron los mapas que ambas trajeron sobre la mesa respectivamente, y explicaron sus marchas hasta hoy y la situación de las unidades de reconocimiento utilizando pequeñas piezas de madera. Las dos jóvenes, como era de esperar, eran comandantes veteranas que podían comprender inmediatamente las intenciones de la otra parte sin que lo expusieran en detalle.

—Son como diez días desde Bydgauche a Pardu si se avanza por este camino a la velocidad de los caballos.

—Pero, el Duque de Bydgauche obviamente se desvió de la carretera y está avanzando. Para llegar a Pardu, es probable que le tome varios días más.

Cuando levantó la cara de los varios mapas que estaban puestos uno sobre otro en la mesa, Ellen miró a la Vanadis pelirroja.

—Elizavetta. ¿Cuántos soldados crees que el Duque de Bydgauche está conduciendo? Suponiendo que reunió el número de soldados que sólo podrían reunirse en un día o dos.

—De 1,500 a 3,000. Todos de caballería. Por supuesto, creo que se aproxima mucho más a los 3,000.

—3,000 ¿huh…? Como se esperaba del Duque.

—Combinando nuestros dos ejércitos, somos alrededor de 2,000. Va a ser difícil…
Rurick gimió con una expresión complicada. Sin embargo, su Lord casualmente negó con la cabeza.

—No podemos ser descuidados, pero si es sólo una diferencia de 1,000 soldados, Elizavetta y yo podemos hacer algo al respecto.

—¿Cuántos soldados podría tener el Conde de Pardu?

—Tendría que haber reunido 1,000 soldados. Pero, si es posible, no quiero dejar que los soldados de Eugene–don… Conde de Pardu combatan como soldados.

—¿Por qué? Este es un problema entre el Duque de Bydgauche y el Conde de Pardu, ¿verdad?

Como Elizavetta frunció el ceño en descontento, Ellen respondió en un tono frío.

—Como dijiste, es ciertamente justo que los soldados del Conde deban derramar sangre; sin embargo, francamente hablando, los soldados del Conde no son fuertes; el Conde por sí mismo no es bueno en la guerra tampoco. Si pierden, su moral caerá y la moral de los soldados del Duque de Bydgauche subirá. Serian un gran problema.

Esto era un hecho, pero Elizavetta no cambio su reclamo.

—Incluso si lo que dices es verdad, deberías dejar que los soldados del Conde de Pardu peleen. Pero, si el Conde acepta la vergüenza de ser un hombre que no envía a sus soldados para proteger su propio territorio, entonces es una historia diferente.

También había algo de verdad en lo que dijo Elizavetta; no sabían qué tipo de final tendría este asunto, pero no había duda de que Eugene era subestimado por los nobles vecinos. Ellen también lo entendía, pero como tenía la intención de arreglar las cosas antes de que el Duque de Bydgauche entrara a Pardu, no solicitó soldados del Conde.

Si la batalla se realizara fuera de Pardu, la razón de Eugene para enviar soldados desaparecería. Ellen y Elizavetta quienes recibieron una orden real prevendrían y detendrían el alboroto del Duque de Bydgauche. Así fue como había previsto la situación. Ellen puso una mirada seria sobre el mapa en la mesa. Ni Elizavetta ni ella aún podían encontrar la figura del ejército de Bydgauche. Por lo que ellos tendrían que asumir el peor de los casos; la posibilidad de una pelea en el territorio de Pardu.

Ya que ella escupió un suspiro, Ellen respondió con una expresión que parecía decir “no se puede evitar”.

—Entendido. Sin embargo, tengo una condición: Supongamos que los soldados que el Conde enviará son 30 soldados de caballería; voy a añadir esos 30 soldados de caballería a mi ejército y tendré al Conde esperando en su territorio. Eso es todo.

—¿Puedes decirme la razón?

—Nuestros ejércitos sólo se componen de soldados de caballería. Incluso si añadimos una sola unidad de infantería allí, simplemente acabarían interponiéndose en el camino; por otro lado, será imposible preparar inmediatamente una gran fuerza de caballería; esos 30 probablemente lo logren. Además, los soldados de mi ejército conocen a los soldados del Conde, pero tu ejército no los conoce.

—¿Por qué no dejas que el Conde comande esos 30 soldados de caballería?

Ante la pregunta de Elizavetta, Ellen emitió una sonrisa asombrada.

—Como dije hace un momento, el Conde no es bueno en la guerra. Por otra parte, si en adición a tu ejército y el mío, el ejército del Conde se presenta en el campo de batalla, un mediador sería necesario para moverse en orden. Voy a decir esto por si acaso, aunque no quiero hacerlo. Elizavetta ¿Puedes ser el Comandante Supremo?

—… Entendido. Vamos a dejar al Conde esperando en Pardu.

En cuanto a Elizavetta, era impensable también comandar una unidad de débiles soldados. Dependiendo de la situación, el daño podría alcanzar a los soldados de su ejército. Era prudente dejárselo a Ellen.

—Sin embargo, si el número de soldados del duque son de 3,000, sería bueno si la unidad de reconocimiento los encontrará ya sea la mía o la tuya. No es como si estuvieran vagando sin rumbo en el norte.

Tal como lo dijo Ellen mientras miraba el mapa nuevamente, Elizavetta parecía perpleja.

—Puede también haberlos dividido en varias unidades y hacerlas avanzar respectivamente a lo largo de diferentes carreteras. Los soldados del Duque son hábiles después de todo.

—¿Conoces al Duque muy bien?

Los ojos rojos de Ellen desdibujando cualquier sensación de sorpresa, miraron a Elizavetta. La Vanadis de Ojos Arcoíris frunció las cejas en sorpresa.

—El Duque es una persona que tiene una gran influencia en el norte del reino; no hay nadie entre los nobles con territorio en el norte que no tengan ningún tipo de interacción con el duque.

—Ya veo… ¿y en el sur de la capital?

Elizavetta negó con la cabeza.

—Puesto que él es una persona que posee derechos de sucesión al trono, creo que no hay ninguno…

Ellen frunció el ceño ante la palabra “derechos de sucesión al trono”. Si no recordaba mal, Eugene también tendría derechos de sucesión al trono.

—Cuando nos enteramos del hecho de que fue a la capital, ¿no deberíamos haber pensado primero en ese punto?

Ante el murmullo que involuntariamente se le escapó, Elizavetta puso una expresión dudosa.

—¿De qué estás hablando? No me gusta cuando alguien guarda un secreto de mí.

Después de que Ellen miró a Elizavetta con una expresión claramente molesta, le habló con una actitud que demostraba que no se podía evitar.

—Incluso el Conde de Pardu, quien es el objetivo del Duque de Bydgauche, también tiene los derechos de sucesión al trono. En resumen, sólo pensé en algo así.

“Una lucha entre los que tienen derechos de sucesión al trono”. Aunque Ellen lo interpretó así, Elizavetta entrecerró los ojos en disgusto como si esas palabras hirieran sus sentimientos.

—Todo esto comenzó a causa del vodka que el Conde de Pardu le envió al duque de Bydgauche.

Un veneno estaba mezclado en el Vodka que había enviado y un asistente de Ilda había perdido la vida. Esa fue la razón por la que Ilda movió a sus soldados.

—Ese veneno contenido en el vodka es la razón principal del Duque de Bydgauche.

Ellen tenía intenciones de protestar inmediatamente. Para la Vanadis de cabello plateado, el Conde de Pardu Eugene había sido su maestro de etiqueta; así, que ella conocía muy bien su temperamento. No había manera de que permanezca en silencio.

—Ustedes dos, pongamos esa conversación a un lado por el momento.

Entendiendo sensatamente que la atmósfera había comenzado a ser peligrosa, Urz apresuradamente se cruzó entre las dos Vanadis. Rurick también elevó una voz fuerte y mostró estar de acuerdo con Urz.

—Él tiene toda la razón; determinar el paradero del ejército de Bydgauche es la prioridad ahora; por cierto, señor asistente, ¿qué es lo que piensa?

La interrupción de Rurick pretendía volver al tema, no era como si realmente estuviera esperando una respuesta. Urz entendió eso, pero si no respondía nada, avergonzaría a Elizavetta. Con el fin de ganar tiempo, el joven dijo:

—Lo siento, pero ¿podría decirme un poco más sobre la persona llamada Duque de Bydgauche?

—Es verdad. No sé mucho sobre el Duque tampoco. Ayudaría si nos hablaras sobre él.

Ellen estuvo de acuerdo, interrumpió su enemistad con Elizavetta y le dio una mirada fugaz a Urz; cuando sus ojos se encontraron con los suyos, Urz estaba por alguna razón conmocionado. Su corazón dio un gran salto.

Desde que ella entró en esta tienda, Ellen nunca hizo contacto visual con Urz. Incluso cuando Urz se presentó, ni siquiera le había dirigido una mirada. Rurick por otra parte le transmitió una mirada ansiosa varias veces.

Sin embargo, como si notara la inquietud de Urz, Ellen movió sus ojos hacia Elizavetta. La Vanadis pelirroja se recompuso y explicó:

—El Duque tiene una personalidad que es la viva imagen de honestidad. Incluso si dices que él es una persona que se ajusta mucho más a la naturaleza de correr en el campo con soldados bajo su cargo, que estar trabajando frente a un escritorio, no es alguien que trate de resolver algo por la fuerza.

—Hou… —, Ellen elevo una voz de admiración. Parecía que ella guardaba cierta simpatía hacia el Duque. Elizavetta continuó su explicación.

—Su comando sobre los soldados es muy bueno, pero el mismo Duque también es un excelente guerrero; ya sea con una espada o en un caballo, yo diría que no hay nadie más calificado que el Duque en el norte.

—Si él es un hombre así, su confianza como soldado también debe ser profunda. ¿Cuáles son sus más recientes logros?

—Recibió la orden de Su Majestad hace unos dos meses y sometió a los bárbaros que estaban haciendo estragos en el norte. Habrá un montón de nobles que se seguramente se sienten en deuda debido a eso.

La existencia de bandidos y bárbaros era un eterno problema común para los nobles que poseían un territorio. Incluso si sometiera a los bandidos que acechan en su territorio, otros bandidos vendrán desde de fuera del mismo. Aquellos que cometieran algún crimen y sean expulsados tanto de los pueblos como de las ciudades o también mercenarios sin dinero, podrían degradarse a bandidos. Incluso si enviaran soldados y los expulsaran lejos, ellos volverían y atacarían pueblos y ciudades 0 cuando se calmará la situación tomándolos desprevenidos.

Como los soldados contratados eran pocos y los nobles no muy habilidosos, se debían contratar a un gran número de soldados fuertes para hacerles frente, por lo tanto, la existencia de alguien como Ilda quien era un excelente comandante era muy prometedora.

—Entonces, el Duque nos dejó avanzar mientras que él va a través de los territorios de los nobles amigables a él; por lo tanto, hay una posibilidad de que se esté dirigiendo a Pardu eh.

—No puedo negarlo, ¿pero no es demasiado peligroso?

Elizavetta parecía perpleja; tanto Ellen como Elizavetta enviaron soldados a los nobles que poseían un territorio a lo largo de la carretera principal para recoger información como también enviar saludos. Si alguien filtrara la existencia de Ilda, aunque sea un poco, sería muy fácil encontrarlo.

Ellen, sin intención de ser parte de su plan, también asintió rápidamente ante la pregunta de Elizavetta.

—Es verdad, pero entonces, ¿dónde está...?

—¿Está bien si expreso mis pensamientos?

Fue Urz quien lo dijo y miró a Elizavetta y Ellen. Mientras las dos Vanadis estaban hablando, este joven había estado pensando sobre algo mientras miraba el mapa, y finalmente se le ocurrió algo. Cuando confirmó que las dos chicas asintieron, Urz señaló un punto sobre el mapa con su dedo.

Ese dedo estaba bajando lentamente a través del mapa hacia el sur.

—¿No podría el Duque de Bydgauche avanzar por el sur de esta manera?

Eran las montañas y colinas que se extendían de norte a sur lo que Urz señalaba con su dedo. Conectándolas, completó una línea que llegaba desde Bydgauche a Pardu. 

Por supuesto, no era una línea recta, pero si avanzaran de esa forma, era poco probable que se encontraran tanto con las unidades de reconocimiento enviadas por Ellen y Elizavetta como con sus ejércitos. Esto era debido a que ambos apenas habían enviado unidades de reconocimiento a las montañas y colinas.

—Es una idea interesante.

Ellen iluminó sus pupilas rojas y felizmente se rió.

—Pero es difícil pasar a través de las montañas y colinas en esta temporada; es por esa razón que tanto Elizavetta como yo no enviamos unidades de reconocimiento allí.

Incluso la nieve que inmediatamente se fundió con la llanura permanecía en las montañas y colinas sin desaparecer. Se amontonaba poco a poco, cubría la tierra y hacia que la velocidad de marcha tanto de hombres como caballos se redujera. Mientras la nieve escondía los puntos de referencia, dejaba también una ilusión de que no se había estado en ese lugar.

Historias sobre grupos de poderosos soldados que se adentraron en las montañas de invierno, fueran víctimas de accidentes y así aniquilados eran demasiadas para contarlas en países nevados tales como Zchted. Además, ni Ellen o Elizavetta creían que Ilda, quien era considerado como un experto en batalla, se enfrentaría ante tal peligro.

—Incluso si eligiera las montañas más bajas posibles y avanzara por un lugar con poca nieve, la fatiga de los soldados se acumularía y su velocidad se reduciría.

—Urz. El Duque de Bydgauche seguramente pensó en moverse rápido y arreglar las cosas de un golpe. De lo contrario, hubiera avanzado dignamente a través de la carretera.

Elizavetta le habló a Urz con un tono de advertencia. Ella no tenía la intención de regañarlo con palabras como “no digas cosas innecesarias”. En sus ojos de diferentes colores, el pensamiento sobre cómo debía consolar a su amnésico siervo, fue desapareciendo. Sin embargo, Urz negó con la cabeza.

—¿No podrían resolver ese problema si usaran trineos?

La Vanadis de cabello plateado le miró con los ojos muy abiertos y la Vanadis pelirroja dirigió involuntariamente su mirada sobre el mapa. De la boca de Rurick quien estaba observando la conversación de las tres personas, se filtró un gemido de admiración.

—Si es el Duque de Bydgauche, podría ser capaz de preparar inmediatamente alrededor de 1,000 o 2,000 trineos.

—Es verdad; si cargan armaduras, alimentos y combustible y se atrevieron a elegir un lugar con nieve…

Mirando el mapa, las dos Vanadis lo discutían.

—Incluso si él utilizó los trineos, la marcha a través de las montañas y colinas sería complicada y el hecho de que era peligroso aun existía; pero, la velocidad de marcha era completamente diferente—, dijo Urz.

—Incluso en los llanos, si no hay obstrucciones, el humo de las fogatas y de la cocina se vería muy a lo lejos; si es desde arriba de una montaña o una colina, podría verse más claramente. Especialmente en esta temporada.

Era invierno ahora; para no dejar que los soldados se congelen, era necesario encender fuego sin importar qué. La fogata no era utilizada únicamente como luz, sino que también era para que los soldados se calentaran. En cuanto a la comida, si ellos no podían preparar sopa caliente y estofado, la moral caería notablemente.

—Por el contrario, la situación en las montañas y colinas sería difícil de ver desde la llanura.

Deberíamos escondernos entre los muchos árboles para que nuestros oponentes no nos puedan descubrir, y aún más cuando vayamos a encender un fuego en la sombra de las montañas.

Ante las palabras de Urz, Ellen y Elizavetta se miraron. El plan que consideraron absurdo en un principio, ahora estaba teñido de con un toque de realidad.

—Era un punto ciego. Sin embargo, hiciste bien al pensar en el hecho de que podrían utilizar trineos.

Flotando una sonrisa que decía “bien hecho”, Ellen francamente elogió a Urz. El joven jugó con su cabello rojo oscuro como si estuviera avergonzado.

—Yo era un mozo de cuadra hasta el otro día. Junto al arnés y las sillas, me encargaba del cuidado de los trineos…

—¡¿Mozo de Cuadra?!

Dos gritos de sorpresa se superpusieron interrumpiendo las palabras de Urz; fueron los gritos de Ellen y Rurick. La Vanadis de cabello plateado miró a Elizavetta con una expresión estupefacta. Aunque la Vanadis de ojos arcoíris se estremeció ante su mirada, puso mala cara y dijo:

—¿T-Tienes alguna queja?

—En realidad no es como si tuviera alguna queja, pero…

Con una expresión que mostraba su vacilación para hablar, Ellen miraba alternativamente entre la cara del Lord y su vasallo.

—Hay un límite para un ascenso. ¿No están tus soldados ansiosos al respecto?

—… No hay ningún problema.

Aunque Elizavetta infló su pecho y respondió, su voz de alguna manera estaba carente de fuerza.

—Bueno, está bien. No es mi pasatiempo el interferir en los asuntos personales de los demás, después de todo.

Ellen no presiono mas y cambió el tema a cómo debían moverse a partir de ahora.

—Yo… Yo estoy de acuerdo con la presente opinión; el ejército de Bydgauche está avanzando a través de las montañas y colinas utilizando trineos. Me gustaría proceder con ese plan.

Debido a que Ellen dudó en decirlo, Elizavetta entrecerró los ojos. Pero, puesto que la Vanadis del cabello plateado procedió a hablar como si no hubiera pasado nada, asintió en silencio.

—A partir de ahora, voy a dirigirme a Pardu mientras envió una unidad de reconocimiento a las montañas y colinas. Con el fin de pedir prestado algunos soldados. ¿Qué harás tú?

—Voy a ir al sur, también. Iré por un camino diferente al tuyo. Para encontrar al ejército del Duque de Bydgauche, sería mejor que nos separemos, ¿no? Además…

Aunque dudó por un instante, Elizavetta continuó;

—Si encuentro al ejército de Bydgauche primero, quiero tratar de convencer al duque.
Elizavetta tenía relación con Ilda. Además, la demanda del palacio real era detener al Duque. Su propuesta era completamente natural.

—… Entendido. Si eso sucede, te lo dejo a ti.

Después, las dos chicas comenzaron a examinar los detalles, como ser los medios de comunicación y así, el consejo de guerra debidamente llego a su fin.





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