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Skyfire Avenue, cap 15


Capítulo 15: ¡Yo Soy ZEUS!



   Melodiosos tonos reverberaban en el área. Un arco redondeado lleno de flores daba entrada a la galería, sobre el suelo una alfombra roja de cincuenta metros se extendía hasta alcanzar la residencia ministerial.

   A cada lado del floreado arco habían sillas blancas. Todas estaban ocupadas, las multitudes de invitados a la fiesta preparados con sus cámaras.

   La Familia Austin era cristiana, mientras que la del Ministro Zhou era atea. Como resultado, la boda estaba diseñada para respetar las creencias de la familia Austin. Un cura ya se encontraba frente a la congregación, orando tranquilamente junto a otros dos.

Richard Austin estaba frente al cura, tratando de mantener un aire de decoro desesperadamente. Con la boda a punto de comenzar, todo lo que quería era ver a su nueva novia.

   La placentera voz del Maestro de Ceremonias sonó,  “¡Que la boda comience!”

   Un silbido casi musical inundó la galería mientras mechas se formaban a cada lado de la Montaña Tianshan. A la izquierda, las máquinas estaban ataviadas de rojo, mientras que en la derecha estaban de azul. Veinticuatro mechas volando sobre las cabezas.

   Ondularon hacia el cielo, formando patrones. La ejecución era perfectamente unifome, y estaba claro que cada mecha estaba siendo piloteado por un habilidoso piloto mecha.

   Los dos grupos formaron un corazón, acercándose hasta convertirse en uno solo.

   Al mismo momento, un brillante resplandor brilló fuertemente, atravesando ambos corazones como una flecha. En ese instante parecían resplandecer con un fulgor dorado, completando el glamoroso patrón en las Alturas.

   “Damas y caballeros, distinguidos invitados; nos encontramos reunidos hoy ante los ojos de Dios y de los hombres, para unir a Richard Austin y a Zhou Qianlin en sagrado matrimonio. El matrimonio es preciado, un sacramento ordenado por nuestro Señor. En la Biblia está escrito que Jesucristo asistió a una boda en Cana, Galilea. También está escrito: sin importar el hombre, los lazos del sagrado matrimonio son de la mayor importancia. Por lo que no se debe actuar en contra ni ser negligente; sino con reverencia, piedad y la voluntad de seguir la palabra de Dios. Entonces, su matrimonio será verdadero.” La voz del cura colgaba gentilmente en el aire.

   “Ahora, le pedimos a la novia que haga su entrada”, llamó el Maestro de Ceremonias.

   A un lado de la asamblea, un coro de voces se escuchó. Era un grupo de treinta y seis muchachas entre las edades de seis y doce cantando We Are One in the Bond of Love.

   El Ministro Zhou Xue emergió, habiéndose cambiado a un traje blanco como la nieve. A su lado, con su rostro cubierto a medias por el velo, Zhou Qianlin se aferraba a su brazo. El velo prevenía a cualquiera de mirar sus ojos azules. Su magnífico vestido resplandecía a la luz natural.

   La novia es el centro de todas las bodas, y esta no era la excepción. Zhuo Qianlin, brillante como una estrella, era una novia sin comparación.

   El rostro del Ministro lucía una débil sonrisa. Tomó la mano de ella gentilmente mientras la guiaba, mientras el cura y Richard esperaban al otro lado de la alfombra roja.

   Si hubiese sido posible, Richard se habría apresurado a recoger a su novia, reclamandola como su esposa. Cada diamante en el vestido de Zhuo Qianlin reflejaba su belleza, y él estaba absolutamente hipnotizado por ella.

   Pero no podia, por supuesto. Podría arruinar esta preciosa boda con su impaciencia. Él era el representante de la Alianza Oeste. Por tanto, solo podía esperar.

    El Ministro Zhou Xue caminaba seguro, un paso tras otro, con expression reservada.

   Así, acompañado del coro de muchachas, el Ministro Zhou Xue entregó a su hija en el altar. Richard tuvo la intención de ir a recibirla, pero sintió la mirada de su padre, por lo que se contuvo.

   El Viejo Sylva no tenía remedio. Era un hombre inteligente, y reconocía la luz de obsesión en los ojos de su hijo. No parecía tan fácil hacer que el Ministro Zhou se despojase de su hija y de todas sus riquezas.

   El Ministro Zhou se detuvo a dos metros de Richard.

   “Richard, desde hoy en adelante, te encargo a mi hija. Espero que la ames sinceramente, la cuides y la protejas.”

   “Absolutamente, se lo prometo.” La respuesta de Richard fue algo apresurada. Sentía que su corazón quemaba en su pecho.

    Y como había anticipado, el Ministro Zhou le dio la mano de su hija a Richard.

   Rápidamente, Richard avanzó dos pasos, con una mano atrás y otra extendida. Digno de la etiqueta noble de la Alianza Oeste.

    Ambas manos se juntaron. Los invitados se emocionaron, con sus cámaras grabando el momento.

   ¡Ambas manos unidas!

   El rostro de Zhuo Qianlin estaba tembloroso. El Ministro Zhou se veía mofado. La cara de Richard estaba roja de estupefacción.

   La glamorosa mano calada en diamantes de Zhuo Qianlin no sostenía la mano de Richard.

   Era una mano delgada, suave y firme.

   Nadie podía decir de dónde había salido él, para todos era como si simplemente se hubiese aparecido allí, un paso delante de Richard.

   Gentilmente, el hombre acarició las coletas de dragón, “Vamos a casa.”

   “Q-Quién eres?! Dejala ir!”, aulló Richard, levantando su mano para agarrar el hombre del hombre.

   Él no se movió, dejandose atrapar. Serpentiantes rayos de luz eléctrica cobraron vida, y Richard sintió violantemente como una descarga de alto voltaje recorría su cuerpo. Todo su ser estaba envuelto en rayos que lo abrazaban.

   Una de las manos del hombre cogió a Zhuo Qianlin por la cintura, levantandola.

   Luego, sacadas ya de su sopor, la gente comenzó a ver los detalles del hombre.

   Alto y Delgado, su cabellera dorada caía libre hasta sus tobillos. Ataviado de ropajes dorados, con un antifaz extendiéndose desde su cuello hasta su rostro. La mascara cubría todo bajo el contorno de sus ojos. Pero lo más notable era, aquellos impíos ojos azules.

   Levantó su mano izquierda, alzó su cabeza y presionó contra el cielo.

   ¡Thruuuummmmmmm!

   El cielo soleado estalló con el rugido de un trueno, uno tras otro, hasta que se oscureció. Nubes enfurecidas se congregaron de todas direcciones, con rayos surgiendo de sus profundidades.

   El Ministro Zhou reaccionó, sorprendido pero no agitado. Su profunda voz exclamó, “¡Quién eres!”

   “¡Yo Soy ZEUS!”




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